Lo bueno y lo malo de estar con una startup: mi experiencia

SWG Demo Day 42Ya son 184 días desde que me embarqué en la tarea de explorar diferentes oportunidades con la libertad (e incertidumbre) de estar sin un trabajo fijo.

En resumen, no he llegado a ninguna conclusión. Supongo que eso es bueno. O tal vez no. Así estoy. Sigo dándome cabezazos con mis propias ideas, miedos y deseos. Inicialmente pensé que estaría en esto unos 3 meses, a lo sumo. O, más bien, planifiqué para tres meses que era lo que el presupuesto me permitía. Sin embargo, han pasado casi 7 meses y yo sigo en mi viaje.

Una de mis hipótesis era que trabajar en una startup me haría más feliz porque sería más emocionante, intenso, activo. Estaba lo suficientemente convencida de que una startup sería una buena elección como para rechazar una oferta estable en una empresa hace rato establecida.

Participar en tantos eventos de networking facilitó que me pusiera en contacto con una startup que estaba buscando un perfil como el mío: Investly. Un equipo pequeño, joven y diverso construyendo una plataforma para préstamos colectivos a pequeñas empresas, con visión de expandirse a varios países. Han pasado 6 meses desde que me uní al equipo, y he aquí un resumen de la experiencia hasta ahora:

Lo bueno

  1. El equipo es tan pequeño, pero la diversidad de tareas es tan grande que es fácil estar expuesto a una amplia variedad de temas nuevos. Desde que estoy con el equipo, he aprendido algo nuevo de finanzas, algo de tecnologías y algo de marketing y análisis de datos.
  2. Una amplia red de contactos: siempre estamos en la búsqueda de soluciones, recursos, ideas, respuestas. Esto nos obliga a estar en contacto con una red enorme de personas con diferente experiencia en diversos campos.
  3. El tamaño del equipo también implica compartir muchas cosas. Eso crea lazos cercanos más rápidamente que en una empresa grande. (Las relaciones personales tienen mucho valor para mí).
  4. Cualquier logro es motivo para celebrar: hay un futuro tan incierto por delante, y todos estamos apostando tanto, que cualquier cosa que logramos alegra mucho. Pasar de 3 a 6 usuarios, por ejemplo, es fabuloso. Es un número pequeño, pero es un crecimiento…¡del 100%!
  5. Autonomía: de nuevo, hay tantas cosas por hacer y tan pocas personas, que cada uno está obligado a responsabilizarse por mucho y confiar en el trabajo del otro. Esto da paso a tomar decisiones que en otros contextos estarían muy limitadas.
  6. Flexibilidad: usualmente las empresas tienen esquemas muy rígidos con horarios y espacios de trabajo. La falta de recursos de una startup (o la cultura de los fundadores) obliga a ser más flexibles con su equipo a cambio de motivación que suele significar ser más efectivo. (Nota: esto no implica prescindir de orden y coordinación entre el equipo, lo cuál es necesario para facilitar la comunicación y la disciplina que conduzca al logro de objetivos).

Lo malo

  1. La incertidumbre: aunque las cosas han salido bien, el cambio es muy lento para mi nivel de aguante (de 3 que yo podía a 7 meses que he estirado, ustedes me dirán). No sabemos quién estará mañana y quién no. Si llegaremos al número deseado antes de morir o no.
  2. La falta de recursos: ha sido difícil cerrar la ronda de financiación, aunque ha habido más de un grupo de inversionistas interesados. Si están familiarizados con el término bootstrapping, saben a qué me refiero.
  3. Trabajar con gente: lo de siempre. Independientemente del tamaño o etapa en la que esté una empresa, lidiar los unos con los otros es difícil. Es aceptarnos en lo bueno y lo malo. No ser fundadora sino primera empleada hace que a veces me sienta excluida de decisiones. Ahora se siente menos porque hay un nuevo miembro en el equipo, pero esto aumenta mi incertidumbre de a ratos y me pregunto cosas como:¿realmente quiero ser el  experimento de otro? ¿por qué no fallar con mi propio experimento?
  4. La responsabilidad: esto es bueno y es malo. Todos cargamos parte del peso que resulta en triunfo o fracaso. Hay días en los que te preguntas: ¿qué carajo estoy haciendo? ¿por qué no estoy tranquila en un trabajo estable con la mayoría de la gente? Pero ya ven, me gusta la aventura…

En general, los elementos positivos son más que los negativos. En cualquier lugar, me atengo a los puntos que resumían mi plan de acción hace 150 días y que aquí vuelvo a repasar:

  1. Tener paciencia. Contener las ganas de saltar a lo primero que salga por la presión financiera. La he tenido, pero se me está acabando.
  2. Seguir explorando opciones de forma activa y rigurosa. Lo estuve haciendo con menos dedicación porque me había concentrado mucho en el trabajo, pero a medida que aumenta la incertidumbre, vuelvo a enfocarme en la movida fuera del trabajo.
  3. Aprender cosas nuevas. Sigo aprendiendo. A veces menos, a veces más. Independientemente de la situación, espero que eso no cambie.
  4. Agradecer y aprovechar que tengo el apoyo de  gente que me importa, y sobre todo, de mi pareja. Sigo teniéndolo y soy feliz por ello, pero creo que nada es eterno.

Cinco años de enseñanza: la despedida

Este post, además de ser publicado en este, mi blog de profesora, se publicará como aporte a la sección “Profesores por el Mundo” del blog de Ele que Ele.

Quedan dos días para que yo dé mis últimas clases después de cinco años en esto. No sé si sean las últimas del todo o si alguna vez decida o tenga que volver a este enmarañado y, a la vez, maravilloso mundo. Por ello, he estado pensando, a cada minuto que pasa, en todas las consecuencias y las cosas que me llevo de este cambio y esta etapa: las buenas y las malas.

Este video me lo hizo una alumna con quien trabajé del 2008 al 2010. Es uno de los muchos buenos recuerdos que tengo de esta etapa.

He tenido trabajos lo suficientemente variados como para poder juzgar este entre los demás. Y este ha sido, de todos, al que más me he entregado. Este tiene que ser un trabajo así: de entrega. Por eso es enmarañado. Porque al entregarte pones mucha cosas en juego, pero al hacerlo puedes recibir unas recompensas que son las que lo hacen maravilloso. La más importante: tener la certeza de que has tenido un efecto sobre la vida de otra persona. Para bien.

Son cinco años de los que me despido con una sensación de miedo, tristeza y, al mismo tiempo, de adrenalina, de emoción. Miedo porque voy a salir de un mundo que conozco (y que nunca se termina de conocer) y tristeza porque sé que dejo la oportunidad de afectar a la gente (que siempre podré hacerlo de otra manera). Adrenalina porque entro en un nuevo terreno. La emoción que me causa el cambio es algo siempre me ha gustado.

¿Que cómo fue enseñar?

Tan apasionante que no lo pensé mucho antes de hacer unos segundos estudios y echar a la basura otros (no del todo) para mejorar en lo que, por azar, descubrí que era para mí.
Fue agotador, también. Cuando estás comprometido, haces lo que sea por hacerlo bien y eso, inevitablemente, cansa.
Con cada público fue diferente. Reconozco que mi público actual ha sido el más difícil de los tres con los que experimenté: polacos, rusos y estonios. Este último ha significado todo un reto. Ya sé que es malo generalizar, pero también es verdad que hay patrones que se repiten innumerables veces en ciertos grupos: sociales, culturales, raciales, religiosos. Y en los estonios, la excesiva timidez o la excesiva franqueza fueron los patrones más difíciles a los que me tuve que enfrentar. Estos patrones me sacaron lágrimas y gritos, sonrisas y lamentos. Y yo, a ellos, también los incité a todo eso.

Esas fueron las dificultades de las que más aprendí. Claro que también aprendí y enseñe mucha lengua y cultura (que si pretéritos y flamencos, que si rumba y porotos, que si mate y Los Andes), pero , sobre todo: aprendí a soportar el silencio, incluso a disfrutarlo; aprendí a ser paciente, aún con quien no esperaba que lo fuera; aprendí a sacarle una sonrisa a caras inseguras o abatidas por el largo invierno; aprendí a recordar que también había hermosos y largos días de verano; me quejé con ellos de las tormentas y juntos celebramos los momentos de calma. Hay muchos a quienes no llegué y muchos que no llegaron a mí. Hay muchas cosas, pero muchísimas que no me dio tiempo de aprender y muchas más que no pude enseñar. Y creo que en cinco años de enseñanza no se puede aprender lo suficiente. Tampoco creo que se pueda en cuarenta. Que me lo diga quien lo haya logrado.

También me traje muchas cosas buenas. El otro día, por la mañana, mientras me preparaba para ir al trabajo, me daba cuenta de cuán rodeada estaba mi vida de todos estos años: mi café mañanero me lo había dado un estudiante; mis guantes para jugar en la nieve, otro; ese libro en la estantería, otra; ese árbol de la felicidad, otra; y así, me di cuenta de cuántas cosas había en mi vida que eran el reflejo de que sí lo había hecho: había afectado la vida de alguien quien, si no supo decírmelo con palabras, me lo supo expresar con un detalle. Me habría gustado haberme dado cuenta de ello más de una vez. Hoy, hasta dos días antes de que cierre este ciclo, fue a quienes no pude llegar (y los que a mí no llegaron) los que más se ganaron mi atención y agotaron mis energías sin piedad.

Y que no suene a final de película dramática. No sé si vuelva al aula. Lo que sí sé es que cierro lo que, hasta ahora, ha sido una de las etapas más enriquecedoras de mi vida y lo último que puedo decir: si quieres trabajar en enseñanza, no lo hagas por trabajar, hazlo porque quieres realmente ayudar a otros a llegar a otro nivel. Hazlo porque te sale del corazón.

Hasta una próxima vez,
La profe, María.

 

El Español como Lengua Extranjera en Estonia

Este artículo fue escrito en octubre de 2011 para la Asociación venezolana para la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ASOVELE). El artículo fue publicado en el  Boletín año 2 No.3 de dicha asociación, en febrero de 2012.

El Español como Lengua Extranjera en Estonia

Aunque desde el inicio intenté ir directo al grano, me ha sido difícil sintetizar más de lo hecho la información que más abajo les presento. Ante todo he querido acercarlos de la manera más clara posible a la situación del estudio del español como lengua extranjera en Estonia, país en el que resido desde hace poco más de tres años.

El artículo se divide en 3 secciones, a saber: una pequeña introducción sobre Estonia y el contexto lingüístico de este país, el estudio de lenguas extranjeras y su situación en el currículo escolar y finalmente, la experiencia de algunos de mis estudiantes y la que yo misma he tenido durante este período en el ámbito de la enseñanza del español.

Estonia y su contexto lingüístico

Estonia está ubicado a orillas del Már Báltico, en el Golfo de Finlandia. Es uno de los antiguos países de la Unión Soviética y desde el año 2004 es parte de la Unión Europea. Su población es aproximadamente 1.340.000 habitantes y de estos, casi un tercio reside en la capital, Tallin.

A pesar de ser un país tan pequeño, las estadísticas indican que en Estonia se hablan unas 109 lenguas maternas, de las cuales la única oficial es el estonio, que representa a un 67% de la población. Este idioma pertenece a la rama de las lenguas ugrofinesas, a la que también pertenecen el húngaro y el finlandés.

No sorprende que, de las más de cien lenguas extranjeras que se hablan en Estonia, la más hablada sea el ruso. Esto se debe a motivos históricos ya que, durante los años en que Estonia perteneció a la Unión Soviética, personas de origen ruso fueron traídas al país para trabajar y se quedaron en este, manteniendo, a lo largo de los años, su herencia cultural y el uso de su lengua materna en todos los ámbitos. Este hecho se ha visto favorecido por la continua existencia de escuelas que nacieron en aquella misma época en las que la principal lengua de enseñanza sigue siendo el ruso.

De esta manera, el ruso, con un número de hablantes que oscila entre el 25% y 29% de población, tiene tal presencia en el país que gran cantidad de la información puede recibirse en esta lengua, tanto a través de los medios de comunicación como desde instituciones gubernamentales, centros de comercio, y demás, sin necesidad de hablar la lengua oficial: el estonio.

Entre el resto de las lenguas extranjeras que se habla en el país destacan los idiomas cuyos países de origen tienen cercanía geográfica con Estonia. Estos son: el letón, el lituano, el bielorruso, el finlandés, entre otros.

El estudio de lenguas extranjeras

Según el currículo nacional para la Educación Básica y el Bachillerato, los estudiantes tienen la obligación de cursar dos lenguas extranjeras. Las lenguas se clasifican en tipo A: primera lengua extranjera; tipo B: segunda lengua extranjera y tipo C: tercera lengua extranjera. Cada escuela puede elegir, para los tipos A y B, entre el inglés, el francés, el alemán y el ruso.

En el caso del español, esta viene a ser una lengua tipo C, que algunas escuelas comienzan a incluir ya en sus currículos. No obstante, hace ya muchos años el español viene ganando popularidad en Estonia: ya en el año 2006 se contabilizaban 6 universidades en las que se estudiaba español. Cabe resaltar la Universidad de Tartu, en la que se puede estudiar Filología Hispánica. Además, existen academias dedicadas exclusivamente a la enseñanza del español, sin mencionar que en las que se enseña varias lenguas, el español es siempre una opción.

Junto con el crecimiento de la popularidad de la lengua, se ha desarrollado también un fuerte interés por las culturas hispánicas, en general. El público que aprende español es muy diverso y tiene diferentes motivos para estudiar la lengua:

  • Estudiantes de bachillerato y de la universidad que reparten su tiempo libre entre aprender la lengua y tomar clases de baile. Aprovechan los veranos para hacer cursos dentro de Estonia o en los países de habla hispana e incluso comenzar sus estudios universitarios allí -principalmente España, por la cercanía geográfica.
  • Jóvenes que aprovechan de incluir a los países latinoamericanos entre sus destinos preferidos para practicar turismo de aventura, entre los más populares.
  • Profesionales que buscan mejorar su currículo para entrar en empresas internacionales con perfil español o latinoamericano.
  • Personas jubiladas que se preparan para retirarse en el sur.

La experiencia de algunos de mis estudiantes

Irene trabaja en un banco. Estudió español en una de mis clases intensivas en este verando de 2011. Su primer contacto con el idioma, sin embargo, fue hace uso 8 años cuando estuvo de vacaciones en México. Esta es la razón por la que estudia español: para hacer sus viajes más independientes ya que, según su experiencia, es difícil comunicarse en otra lengua que no sea el esta en casi cualquier país de habla hispana.

El caso de Moonika es similar: decidió estudiar español sabiendo que iría de vacaciones a Venezuela en noviembre 2011. Recuerda que, en ocasiones anteriores, cuando estuvo en Cuba y en España, comunicarse con los habitantes de allí fue casi imposible por no saber español.

Arina es estudiante del último año de bachillerato. Estudió español por 3 años conmigo, antes de los cuales ya había estudiado otros tres. Su primer contacto con español fue por miedo de la televisión. Arina seguía la historia de una novela Argentina (Muñeca Brava). Dice:“me enamoré de esta lengua y decidí que tenía que aprenderla”. Arina también tuvo la oportunidad de viajar a México por vacaciones y afirma que también se vio en la necesidad de utilizar el español para moverse con facilidad. Hasta ahora, ha trabajado durante los veranos como guía turística en Tallin y espera que el español juegue un papel importante en su futuro universitario y profesional.

Aleksandra, estudiante de Filología Hispánica en Barcelona, comenzó a estudiar español con la simple idea de que debía agregar una lengua más a su joven currículo, cuando apenas tenía 12 años. Estar estudiando en Barcelona es el resultado del interés que desarrolló por la lengua y las culturas de habla hispana al comenzar sus estudios. En sus propias palabras: “el español juega un papel clave en mi futuro”. Aleksandra afirma con mucho entusiasmo que: “No me canso de darles gracias a mis profesores, que han criado en mi corazón este amor y este interés hacia el español y la cultura hispánica, que seguramente va a ayudarme mucho”.

Mi experiencia como profesora de ELE en Estonia

Durante los primeros dos años trabajé en una academia de lenguas que se centraba, principalmente, en la enseñanza del inglés. Había en esta, dos profesoras dedicadas a la enseñanza del alemán una de las cuales también estaba a cargo de la enseñanza del francés y yo, que me dedicaba al español. Aunque por un lado esto me dio mucha independencia a la hora de desarrollar el currículo de la escuela y diseñar las clases a mi medida y a la de los estudiantes, el ser la única persona a cargo de seis grupos y de todo el trabajo que conllevaban hizo de esos dos años una tarea dura. En paralelo yo cursaba la maestría en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera que dictaba FUNIBER en línea. Esto me ayudaba a aplicar mucha de la teoría que aprendía en mis clases, cuando todavía estaba muy fresca. Desarrollé un estilo que, al parecer, revolucionaba mucho el modo al que estaban acostumbrados a trabajar mis colegas y al modo al que los estudiantes estaban y siguen estando acostumbrados a aprender: un modelo tradicional que todavía tenía muchas huellas de la época de la Unión Soviética, en la que el profesor era el centro de la clase y único poseedor del conocimiento.

Aprovechando el nacimiento de una academia que se dedicaría sólo a la enseñanza del español como LE, decidí cambiar de lugar de trabajo y desde verano de 2010 sigo desempeñándome como profesora de ELE, pero ahora en Hispaania Maja que significa, literalmente “Casa de España”. En esta escuela el objetivo de todos es más o menos el mismo: que los estudiantes aprendan divirtiéndose en el camino, mientras intentamos romper con los esquemas tradicionales. Para ello, uno de los aspectos más controvertidos es que no usemos la lengua materna del estudiante en clase: enseñamos español a través del español. Esto, a la vez que representa un reto para estudiantes y profesores, también hace las clases atractivas y dinámicas. Además, disminuye las ya marcadas diferencias que hay entre la comunidad estonia y rusohablante, ya que los grupos se componen de ambos tipos de miembros promoviendo así la integración. Esto es algo que poco se ve en otros lugares donde se den clases de lengua extranjera, en los que todavía es costumbre crear grupos a partir de una de las dos lenguas maternas: estonio o ruso, las cuales se usan como base para la enseñanza, al menos en los niveles más básicos.

Este año tengo, además, la oportunidad de dar clases, a través de la misma academia, en un colegio privado en las afueras de la ciudad. Con esta nueva experiencia aprenderé más del contexto escolar estonio y espero poder aportar algo a este como profesora de lenguas.

Bibliografía:
http://www.hm.ee/index.php?1511099
http://www.estonica.org/en/Society/The_Estonian_Language/Other__languages_in_Estonia/
http://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_06-07/pdf/paises_72.pdf